Usted está aquí: Auschwitz Cracovia
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Participantes/ 2007- 2008
No podíamos conocer Cracovia sin antes cumplir el compromiso moral de reflexionar sobre la palpitante historia dramática de la humanidad: El conjunto de campos de concentración de Auschwitz Birkenau.
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Todo queda insignificante cuando atraviesas el letrero de hierro con el más cruel de los cinismos: “El trabajo os hará libres”.
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Las fotografías superiores reproducen carteles y maquetas de Auschwitz I. Debajo, fotos actuales del interior del campo y las vallas electrizadas de seguridad.
Muy cerca de Auschwitz I está situado Auschwitz II (Birkenau) donde se produjeron vivencias de mucho mayor dramatismo.
Todo lo allí vivido está reflejado en imágenes que empujan al visitante a la reflexión.
Yo me terminé sentando en el bordillo del acerado y con la cabeza entre las manos me fue saliendo este poema.
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Un color: el gris ceniza. Un olor: tierra quemada. Un sabor: la hoja de espino. Una ilusión: la mentira. Una esperanza: la muerte. Una pregunta: ¿Por qué? Una posibilidad: mañana. |
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Un placer: la cobardía. Un ideal: la venganza. Un pensamiento: no existo. Una contradicción: la vida. La muerte: una compañera El aire: un alimento El amor: una teoría. |
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El desprecio: una constante Una temeridad: la huída La pereza: un imposible. La generosidad: un reto. El sol: testigo cósmico. La alegría: un don oculto. La inocencia: una entelequia |
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Un insulto: una mirada Una sonrisa: un misterio. Una tragedia: un segundo Una idiotez: la poesía. Un líquido más: la sangre. Los pelos: materia prima. Las caricias, las del aire. Cada esquina, un cuerpo angosto |
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El alma humana: historietas La obediencia: religión Una comida: la hierba Un corazón: un despojo La raza: una bandera Religión: el uniforme La justicia: una quimera. Lo trascendental: los sueños. |
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Gas ciclón: un pasaporte La intolerancia: un precepto |
La dignidad humana condenada a ser lodo de las ansias de los que quisieron ser Dios. |
La desolación en Auschwitz es infinita. No quedan palabras para digerir esos restos históricos que se te presentan ante los ojos.
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Auschwitz, ese cementerio de los límites del hombre.
He estado en Polonia este verano, concretamente en Cracovia, interesante ciudad,
con un emplazamiento maldito que me sentía obligado a visitar.
Lo hice y, una vez más, sentí vergüenza de ser humano.
Palabras que se visitan en el diccionario como: holocausto, genocidio, exterminio,
se airean en aquel entorno de realidad
e impregnan de óxido su significado
Se me congela la sangre judía
Y me siento excremento del sol
Se me congela la grandeza egipcia
Y me convierto en piedra de pirámide
Se me congela la dignidad humana
Y me invitan a creer en la injusticia
Se me congela la admiración germana
Y pierdo la esencia de hombre y pierdo la voz.
Porque Auschwitz está hecho de sangre y de miedo
De aspiración a pureza de raza y terror.
Cuando el ser humano se siente elegido
por el delirante dedo de un triunfante sol,
la raza humana se arrincona en crueldades:
de los resignados y del dominador.
Construido con ladrillos de muerte
Auschwitz simboliza la fuerza del odio.
El odio al servicio de la obediencia,
de la precisión y de la inteligencia.
Ser judío, o polaco, o no ario, o no blanco,
fueron símbolos de nulidad y de destrucción.
Descarnado escenario de recuerdos,
Fuerzas que quisieron abrazar la gloria,
Obediencias de lava arrasando inocencias,
Un infierno uniformado quemando conciencias,
liberando su instinto caníbal de depredador.
Rincones marcados por suspiros solitarios,
gritos clavados como grapas en paredes,
el miedo y la nada siempre acompañando,
martirios silenciados por el ácido del sudor,
uñas dibujando límites de desesperanza,
tempranas vejeces reprochando la vida.
La desnudez como único envoltorio.
Y siempre, el hombre, justificando conductas,
mintiéndole a la historia, tratándola de títere.
Esto anuncia el letrero del campo de concentración
con irónicas letras borrachas de muerte:
“El trabajo os hará libres”
Auschwitz existe en el extrarradio de nuestras conciencias,
como cementerio de los límites del hombre.
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